Qué poco me conoces, pienso, mientras te escucho hablar.

Pérdida. Perdida.

Hasta me provocas una carcajada. Cómo puedes creerme capaz de ocultar algo así. Cómo queda en evidencia lo poco que me conociste en realidad.Y empeoras a medida que hablas. Me comparas con Carola, con Gisella (nunca sabré como se escribe realmente), porque sientes que te mentí como ellas. Quizás sea así, quizás sea peor… no lo sé con claridad.

Pero me duele que creas que soy como ellas.

Siempre lo supe. Jamás tuviste claro con quién estabas. Nunca llegaste a conocerme realmente.

(SiempreJamásNunca… Esos serán los términos de referencia para encontrar estas líneas).

Y sigo tratando de escribirte para ver si este amor se va de una buena vez. Porque molesta a ratos. Es incómodo sentir que sigues aferrado a esa ilusión que construiste, como si fuese un edificio, sin darte cuenta que nunca quise vivir ahí.

Y retrocedo. Y veo todas las veces que fui para ti, en lugar de ser yo, auténtica, sin dobleces, sin caretas.

Triste comprobar que sólo fue un personaje más. Aunque no tan mal actuado, de lo contrario, no me explico que insistas en regresar a buscarme. Andrea ya tomó el taxi. No quiero saber si darás tu vida por mí. No quiero pensar en nuestra casa, en nuestros hijos ni en tener un perro. Ni en la cena servida ni en las recepciones para los amigos “bien”.

No quiero nada de eso.

Quiero una vida simple. Ajena a tu chimenea con piedras exóticas y 5 niveles por piso.
No quiero nada de esa ostentación arribista heredada de tu matriarcado.
No quiero aparentar ser alguien que no soy.

Un objeto que decora tu vida, que sonríe frente a estrellas y jinetas, que siempre tiene una respuesta inteligente, pero lo suficientemente lady para no desencajar la sonrisa de nadie.

No quiero comentarios absurdos, no quiero volver a oír qué inteligente y simpática es tu novia, Ferrada, hombre.

No quiero sentirme tuerta en medio de puros ciegos. O peor aún, la única que insiste en no ver ese mundo que brilla, como si lo cubriera el oro, cuando en realidad sólo es una buena imitación. No quiero tu mundo de fantasía y condecoraciones que trascienden. Porque no pertenezco ahí.

Mi vida es simple, sencilla. Se arregla con vino barato, bares de mala muerte y un Trencito de cien pesos.

He vuelto a mis zapatillas, que indudablemente, son mejores que el tacón. Con ellas recorro este Puerto que me recibe de nuevo, que en cada esquina, en cada vuelta me dice que nunca me fui.

Con ellas camino feliz hasta la casa del Escritor. Una casa que, a pesar de estar medio demolida, me hace sentir viva.

Cuánto te intriga el Escritor. La verdad es que, a ratos, a mi también. Pero no sabes cómo me reconforta su sonrisa. Más allá de la incertidumbre de este amor improvisado, inesperado.

Otra carcajada.

Estuve meses sin esbozar siquiera un borrador… y ahora que no estás puedo hacerlo con una libertad que había olvidado.

Pero, desde que te perdí Y ahí va otra canción… Otra canción que seguramente, tampoco conoces.

Qué poco conoces de mí. Vuelvo atrás sólo para convencerme, otra vez.

 

Te farreaste la oportunidad… quisiste quedarte, pero nada de lo que tuvimos hoy está aquí.

 

 

Pdt: última vez que te menciono… estamos?

Share and Enjoy:
  • Print
  • Digg
  • StumbleUpon
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Yahoo! Buzz
  • Twitter
  • Google Bookmarks

« »