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Emil llegó el viernes pasado desde Nottingham. Carito viaja esta noche desde Temuco. Yo los recibiré en mi casa en Valparaíso. Nunca hemos estado los tres juntos en persona. Sin embargo, desde el año 2005 trabajamos juntos por mail, teléfono, fax y todas las formas posibles de comunicación.

Nos conocemos gracias al Codih. Ellos fueron profesionales de Servicio País en esa localidad y yo, Práctica País por 6 meses donde mismo. Por primera vez, nos reuniremos en el Puerto para ver de qué manera organizamos el apoyo al Consejo de Desarrollo de Islas Huichas el próximo año. Es una tarea complicada porque vivimos en tres lugares distintos a Puerto Aguirre, sin embargo creemos que se puede. Porque en Las Huichas una de las cosas que aprendimos es que siempre se puede.

El Codih, si bien es una organización pequeña en una localidad más pequeña aún, tiene como principal capital el aprendizaje acerca de cómo una comunidad organizada se hace cargo de su propio desarrollo local. Afortunadamente, Emil, Carito y yo pudimos trabajar junto a ellos y creo que esa es una de las experiencias laborales más fuertes y determinantes que tengo hasta ahora.

Islas Huichas está en la XI región. Sus habitantes, que en su mayoría son pescadores artesanales, decidieron formar el CODIH,con el único propósito de mejorar los estándares de vida de su comunidad a través de un trabajo articulado y mancomunado. Los que, por cierto, son muy precarios aún.

La experiencia del Codih, para una periodista extraña como una sólo sirve para que me llene de dudas. Cuando veo las noticias en la tv y me confirman una vez más que Chile existe sólo en una región llamada Metropolitana a la que se llega en Transantiago me sigo llenando de rabia.

A propósito de la visita de los Chilepaís y del post de Luis Ramírez sobre el acceso a internet, vuelvo a darle una vuelta (a esta altura la 68168176817 mil) al cómo se puede canalizar la intención de contribuir al acercamiento entre nuestra disciplina y aquellos que viven en una pobreza que los margina de la vida pública y que los sitúa como destinatarios de estrategias asistencialistas por parte de la institucionalidad.

Sé, de primera fuente, que el Codih ha evitado eso. Armaron una especie de modelo de organización que les ha permitido proponer y discutir con la autoridad un manejo territorial coherente con su cotidianeidad, junto con verse a sí mismos como capacitados para administrar los recursos del archipiélago, preservando su cultura y las tradiciones locales. Además, han respondido a las lógicas de asistencialismo y centralismo que operan en la región, para levantar su propia solución a la pobreza en que viven.

Esta situación en un desafío para nuestra profesión, sobretodo, en cuanto a ser capaces de incorporar a aquellos sectores vulnerables a lo público. Si bien la pobreza es parte del discurso periodístico, suele ser comprendida desde una perspectiva que los considera como inhabilitados para expresarse y ser parte de la discusión pública.

El Periodismo, si bien exige que la información sea obtenida de primera fuente y con rigurosos procesos de investigación, no siempre considera a los sectores marginales como fuentes legítimas para la rutina periodística. Entonces, es relevante contribuir a cambiar la manera de mirar, comprender e incorporar a la pobreza a nuestra labor.

Ajenos al asistencialismo del Estado y las “autoridades”, las comunidades pobres si pueden construir una relación horizontal con la institucionalidad, dejando de situarse desde el rol de espectador. Sé que es una tarea compleja, pero creo en el empoderamiento de las comunidades.

La participación ciudadana, el diálogo comunitario y la revaloración de la cultura e identidad local si pueden constituirse como elementos favorables al cambio de paradigma que explica la pobreza. Pobreza es falta de oportunidad, pero esa marginación en ningún caso debe constituirse en la exclusión absoluta de dichas comunidades de la vida pública.

Para nuestra profesión es interesante conocer estas dinámicas, especialmente, porque nos corresponde un papel en los procesos de democratización, al incorporar nuevas voces a la discusión, pero también porque podemos favorecer los procesos comunicativos de los sectores marginales.

Freire vuelve a tener razón. “La utopía posible es trabajar para hacer que nuestras sociedades sean más visibles, más deseables para todo el mundo, para todas las clases sociales” (2003).

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