Rosita

Los Zamora Torres en La Chacarilla Chica
Hace un año, a esta misma hora Roberto, mi primo me llamaba pidiendo que me comunicara con mi casa. Yo estaba en el mall de La Serena con mi mamá, mis hermanos, la Favi y su mamá. Eran nuestras vacaciones familiares después de algún tiempo.

Esas serían las vacaciones más tristes que recuerde.

Como contaba unos post atrás, esa ha sido la tónica de enero de un tiempo a esta parte. Según veo, este enero tampoco será diferente.

A esta hora, hace un año, fallecía mi abuelita y con ello, se desencadenaron una serie de acontecimientos que darían vuelta todo.

No caeré en la cursilería de decir que la Rosendita estaría orgullosa de mi ni nada de eso. Sé que siempre quiso lo mejor para mi y algo debe tener que ver en todas las vueltas que ha dado el círculo en este tiempo sin ella viva.

Lo único que me atrevo a decir es que me veo en fotos y creo que cada día me parezco más a ella. En mi nariz sobretodo. Y me alegra. Porque creo que sólo yo la heredé. También camino como ella. Ese “no levantar los pies” es muy de ella. No sé si tenga su paciencia y su entereza para enfrentar lo que me pasa. Ahí creo que estoy debiéndole.

Todos en mi familia la hemos soñado, varias veces. Y siempre nos cuenta que está muy bien. Incluso, ha estado con mis otros tíos. Según Ximena, mi tía Rina, antes de morir, saludó a mi abuelita también. No sé que decir. No creo que sean manifestaciones del más allá con el más acá ni nada digno de Carlos Pinto. Pero, como hablábamos con Max una vez, seguramente, su energía sigue dando vueltas por estos lares.

En fin. Hace un año me avisaban que mi abuelita daba un último suspiro. Extrañamente, hoy antes de comenzar a escribir esto, una brisa muy suave se coló por la puerta y me desordenó la chasquilla. Seguramente era ella, que sigue aquí.

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