Bueno esta es solamente una parte del regalo… con el otro hubo un problema técnico que pronto se solucionará, pero hay uno tercero escondido que dice algo así “Como esta boca es mía”.
Al final todo fue al revés. Se suponía que el tercer regalo sería el primero, éste el segundo y al final el que falta…
Espero te gusten y le saques provecho.
PD. de tu propio blog…. Ahora a enchularme un poco.
Es raro… esta canción me llena de una pena tremenda hasta que me hace llorar… De pura masoquista, y porque ya la he escuchado como 10 veces seguidas (sólo hoy) la subo al blog.
Una de las posibilidades, quizás sea que el frío terminó por matar de hipotermia a la neurona multifuncional que me quedaba, que por cierto es la encargada de la diversión, la creación, la invención y el shacoteo. Sigue leyendo »
Ya estoy en la mitad de esta carretera tantas encrucijadas quedan detrás… Ya está en el aire girando mi moneda y que sea lo que sea. Todos los altibajos de la marea, todos los sarampiones que ya pasé… Yo llevo tu sonrisa como bandera y que sea lo que sea
Si la noche de Año nuevo me hubiese enterado de cómo estaría hoy, probablemente, me habría reído por varios días.
Es que esa noche no fue el mejor año nuevo de la vida… funada, a las dos de la mañana en el sillón de la casa de mis viejos. Cambié (me hicieron cambiar más bien) la fiesta y la pachanga por una película mala en la tv… obviamente, es imposible que den una película decente, si hasta los programadores de tv deben andar up the ball en tan magno acontecimiento… (pero no nos dispersemos)
el asunto es que, mientras en “la ciudad” todos bailaban al ritmo de son 15, son 20, son 30 yo trataba de recordar hacía cuánto que no estaba así de funada… que quizás las cosas estaban funcionando mal… que un año nuevo así no era buen presagio de nada… que debí hacer alguna de las cábalas… qué espera la Negra me preguntaba, casi como si se tratara de otra persona.
Mientras la película mala seguía, yo me pasaba mi propia película, armada con fotografías antiguas, algunos sabores, olores y colores. Abundaba el verde olor del ciprés de las guaitecas, el pan amasado de la María, la casa de narci, la neura de milla por culpa de y las preguntas sin respuesta de la Yasna. Un mate che…
A ratos soplaba el viento y me dejaba aferrada a alguna baranda en Punta Arenas, Porvenir se presentaba por supuestos e incluso me ganaba un premio en el Bingo del Magallanes que me dejaría en Puerto Edén.
Hoy, mientras trato de recordar aquella película (no la mala, sino la que me pasé mientras trataba de no dormir la noche de Año Nuevo), no puedo evitar una risa cómplice al ver el rumbo que tomó esa proyección.
Creo que en realidad, lo que pasa hoy es la película que (inconscientemente) quería protagonizar.
Regresé a este puerto extraño y sorprendente…
De pronto, los cabos comenzaron a atarse como si el azar los hubiese tomado. Porque, a ratos, estoy llena de preguntas del tipo qué habría pasado sí??? y siento que pude evitar el temblor, que el adivino pudo más y me hizo ser precavida y decidida en muchos antiguos misterios sin resolver, pero también temeraria y jugada en las nuevas incógnitas que se iban presentando en el camino.
A ratos siento que dejé de estar al lado del camino, pero no como me lo cuenta Fito, sino que más bien, comencé a avanzar, cada vez más rápido, como cuando te tiras un piquero y debes tomar vuelito. Y caí, pero casi como cuando Alicia entra en el país de las maravillas.
Ahora, no es así como que un nuevo mundo se abrió… pero casi.
Estoy tranquila, aprendiendo, recuperando mi capacidad de sorprenderme, de aprender, de conocer… sin miedo a preguntar… con ganas de cantar (aunque no para lanzar un disco, es que me escucho mal… cri…cri…), leyendo harto, oyendo, mirando, descubriendo…
Pero lo mejor, creo que mi corazón está latiendo de una manera distinta….
por qué será??…
Si lo sabe, no dude entonces en dejar sus respuestas!
Qué poco me conoces, pienso, mientras te escucho hablar.
Pérdida. Perdida.
Hasta me provocas una carcajada. Cómo puedes creerme capaz de ocultar algo así. Cómo queda en evidencia lo poco que me conociste en realidad.Y empeoras a medida que hablas. Me comparas con Carola, con Gisella (nunca sabré como se escribe realmente), porque sientes que te mentí como ellas. Quizás sea así, quizás sea peor… no lo sé con claridad.
Pero me duele que creas que soy como ellas.
Siempre lo supe. Jamás tuviste claro con quién estabas. Nunca llegaste a conocerme realmente.
(Siempre… Jamás… Nunca… Esos serán los términos de referencia para encontrar estas líneas).
Y sigo tratando de escribirte para ver si este amor se va de una buena vez. Porque molesta a ratos. Es incómodo sentir que sigues aferrado a esa ilusión que construiste, como si fuese un edificio, sin darte cuenta que nunca quise vivir ahí.
Y retrocedo. Y veo todas las veces que fui para ti, en lugar de ser yo, auténtica, sin dobleces, sin caretas.
Triste comprobar que sólo fue un personaje más. Aunque no tan mal actuado, de lo contrario, no me explico que insistas en regresar a buscarme. Andrea ya tomó el taxi. No quiero saber si darás tu vida por mí. No quiero pensar en nuestra casa, en nuestros hijos ni en tener un perro. Ni en la cena servida ni en las recepciones para los amigos “bien”.
No quiero nada de eso.
Quiero una vida simple. Ajena a tu chimenea con piedras exóticas y 5 niveles por piso.
No quiero nada de esa ostentación arribista heredada de tu matriarcado.
No quiero aparentar ser alguien que no soy.
Un objeto que decora tu vida, que sonríe frente a estrellas y jinetas, que siempre tiene una respuesta inteligente, pero lo suficientemente lady para no desencajar la sonrisa de nadie.
No quiero comentarios absurdos, no quiero volver a oír qué inteligente y simpática es tu novia, Ferrada, hombre.
No quiero sentirme tuerta en medio de puros ciegos. O peor aún, la única que insiste en no ver ese mundo que brilla, como si lo cubriera el oro, cuando en realidad sólo es una buena imitación. No quiero tu mundo de fantasía y condecoraciones que trascienden. Porque no pertenezco ahí.
Mi vida es simple, sencilla. Se arregla con vino barato, bares de mala muerte y un Trencito de cien pesos.
He vuelto a mis zapatillas, que indudablemente, son mejores que el tacón. Con ellas recorro este Puerto que me recibe de nuevo, que en cada esquina, en cada vuelta me dice que nunca me fui.
Con ellas camino feliz hasta la casa del Escritor. Una casa que, a pesar de estar medio demolida, me hace sentir viva.
Cuánto te intriga el Escritor. La verdad es que, a ratos, a mi también. Pero no sabes cómo me reconforta su sonrisa. Más allá de la incertidumbre de este amor improvisado, inesperado.
Otra carcajada.
Estuve meses sin esbozar siquiera un borrador… y ahora que no estás puedo hacerlo con una libertad que había olvidado.
Y ahí va otra canción… Otra canción que seguramente, tampoco conoces.
Qué poco conoces de mí. Vuelvo atrás sólo para convencerme, otra vez.
Te farreaste la oportunidad… quisiste quedarte, pero nada de lo que tuvimos hoy está aquí.
He tratado de explicarte qué ocurrió, en qué momento las cosas cambiaron hasta terminar de esta forma. Esta extraña forma en que se dieron las cosas.
Aquí me tienes escribiéndote, intentando contarte una historia que dé explicación a este amor que ya se nos muere.
Es tan triste despertar de pronto y sentir que ya ni tu olor queda en mi cuerpo.
Te amé como jamás pensé que llegaría a hacerlo, pero de pronto, ese amor infinito comenzó a dañarme casi sin darme cuenta.
Y aquí me tienes escribiéndote, tratando de recordar mis momentos contigo y sólo consigo entristecerme más. Hoy el Escritor citó a Sabina a y a sus 19 días y 500 noches para olvidarla. Hasta yo me sorprendí. Mis palabras me traicionan a veces, ya lo sabes… quizás yo ya olvidé le dije y no pude evitar ponerme triste. Hace tanto que no te recuerdo.
Y aquí me tienes escribiéndote, enojada, porque me llamas y tu voz vuelve a sonar como siempre, e insistes en mostrar cuánto me conoces, en llevarme a momentos que me llenaron de alegría, momentos que hoy parecen fotografías.
Y aquí me tienes escribiéndote y las canciones llegan para recordarme el amor que tuvimos… es increíble cómo de pronto la vida se vuelve en una película con banda sonora… últimamente así me he sentido. En medio de una película con un buen soundtrack.
No sé cómo contarte esta historia, cómo decirte lo que siento ahora. Te recuerdo y sólo hay rabia, pena, dolor… muy poco amor… Páez dice que cada vez que piensa en vos fue amor… pero no logro decir lo mismo. En qué momento se dio vuelta todo. Me siento traicionada, no sé si por ti o por mi… sólo siento traición.
Seré sensata conmigo y contigo, porque sé que te amé demasiado, que tiré todo a un lado por ti. Es cierto que cometí errores en ese camino, que quizás no supe amarte bien, que fui mentirosa, pretenciosa y manipuladora muchas veces. Pero hubo otras en que te amé de una forma adolescente e incondicional. Pero me veo y me doy cuenta que ninguna de esas formas describe la manera en que te amo ahora… es un amor dañado y que daña no te imaginas cuánto.
A ratos siento que ya ni siquiera me alcanza para hablar contigo, que cualquier resto de amor que quede para ti desaparecerá si hablamos. Y no quiero quedarme con los malos recuerdos. Quiero recordar lo que fuimos juntos… las noches de lluvia, tu abrazo, tú mirándome, yo amándote. No quiero olvidar lo que fuimos juntos, pero siento que ya no quiero ser parte de esa historia, que el amor con el que me pagas ya no es suficiente para mí.
Y aquí me tienes Bellozo, para contarte cómo termina esta historia.
Y no sabes cuánto duele. Despertar de pronto y darme cuenta que ya no me queda ni tu olor.