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Vamos a decir que NO

Tenía 6 años.

Me acuerdo de las calcomanías del SI con una estrella y los colores patrios. La del NO tenía un arcoiris y, como además soy colorinche, claramente prefería coleccionar esas antes que las fomes del SI.

Me acuerdo de la casa de la tía Yoya, con Gonzalo insistiendo en darme autoadhesivos del SI y mis papás mirándome entre indignados y complicados. La tía Yoya nos arrendaba una casa, me malcriaba y además era nuestra vecina. Pero estaba a favor del SI.

Me acuerdo de Florcita Motuda, de una caravana por la calle Zoila Gac de Cabildo, una comuna chica donde un acontecimiento como este era EL evento.

Me acuerdo de mi mamá contándole a mi viejo que estaban enseñando, en medio de la atención de “Niño Sano”, a votar por el NO y casi las pillan: “El dr Ruiz entró y me encontró diciéndole a una paciente que tenía que marcar donde estaba la pelotita. Es que no sabía leer. El Ruiz no me dijo nada, pero igual con la Isa nos asustamos”.

Me acuerdo de mi mamá, de nuevo, contándole a mi viejo que habían llevado a la Eliana con lo facha que es a ver la caravana del NO que pasó por la Ruta 5. “Agarramos el auto de la Vecciola y nos fuimos a Pullaly”. Mi mamá no podía dejar de estar ahí.

Me acuerdo de algunas peñas en el Hogar de la Mujer del Minero, junto a mis papás. Siempre había música alegre y olor a naranjas con vino (después, mucho después supe qué era el navegao).

Me acuerdo de las explicaciones de mi mamá para votar que NO. Su insistencia para que yo le dijera a todos que había que votar que NO.

Me acuerdo que esperaba la franja, del NO obviamente, porque era distinto a lo que salía en la TV. No es que a mis 6 años haya sido capaz de analizar la “calidad” de la TV nacional, pero algo había que me ponía contenta.

Me acuerdo de un cassette de esos negros en el cuál con mi prima Marta grabamos con nuestras voces la canción del NO. Me mataba la canción del NO.

Me acuerdo de la historia de la Hermana Juanita, una monja holandesa que trabajó muchos años en Cabildo. Fue capaz de sacar afiches de Pinocho pegados por los milicos afuera de los muros de la Iglesia. “Yo conoce a Dios. Yo no conoce a este hombre” les dijo, aparentando que no hablaba nada de español.

Me acuerdo que estábamos felices. Era una alegría rara. No sé si es sugestión o qué, pero todo lo que recuerdo de los días antes de que el NO ganara el plebiscito está en blanco y negro. Seguramente debe ser una triquiñuela mental.

Claramente, me alegra saber que el NO permitió que en mi país la democracia regresara, que la desaparición sistemática de personas y la violencia de Estado tan cruel de esos años terminara.

No sé si la alegría efectivamente llegó. Me desilusiona ver que muchos de los “rostros” de esa época terminaron acomodándose en el sillón del poder, administrando un sistema que cada día empobrece más a los más pobres.

Hay pequeños intentos por terminar con ello. No puedo dejar de reconocer el fuerte componente de protección social del gobierno de la Michelle (me gusta Michelle y qué). Pero siento que aún falta.

Seguramente me asusté cuando Lagos apuntó a Pinocho en “De cara al país”, pero ahora me avergüenza ver el acomodo de todos. Como si recuperar las garantías de la democracia nos hubiese salido barato.

One Response to “Vamos a decir que NO”

  1. Manuel Says:

    Lo mejor es la canción, la estética, el arcoíris y una promesa de alegría que llegó!: pasar del 48% de pobrweza dura la 18% creo que algo dice…

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